Muchas de nosotras nos identificamos con esta frase. Tanto las que no han meditado o no suelen hacerlo, como las que meditamos regularmente. Estas últimas podríamos añadir al final de la frase la palabra “más”.
Ya hay mucha información sobre los beneficios de la meditación, así que este escrito no pretende convencer de las bondades de la meditación. Si, aun así, no las tienes claras, te invitamos a que busques por internet.
Vamos entonces a enfocarnos en la manera en que podemos cambiar nuestra relación con la meditación.
¿Realmente lo quiero? Lo primero sinceridad absoluta con nosotras mismas. Recuerda que en este camino no hay nadie más. Es decir, ¿Me interesa la meditación? ¿O lo quiero hacer porque lo hacen mis amigas/pareja/madre/entorno?
Si quieres hacerlo por ti, adelante. Si pretendes hacerlo por algo ajeno a ti, hazte un favor, déjalo, no tiene sentido si no te nace del corazón. Y además es perfecto, no eres menos que nadie por no meditar. Esto, como decía al principio, es un camino muy personal y SOLO ESTÁ BIEN AQUELLO QUE NOS VALGA A CADA UNO EN CADA MOMENTO.
¿Debería meditar (más)? La respuesta es NO. Y no te asustes, no voy a decirte que no medites, pero si quiero hacerte ver la importancia de las palabras.
Imagina que en vez de “deber meditar” usas la frase “QUIERO MEDITAR MÁS”.
¿Te das cuenta de cómo varía la cosa?
La palabra DEBER pesa, te deja planchado y sentado sin ganas de hacer nada. Es casi algo ajeno a uno mismo.
La palabra QUIERO o ELIJO en cambio empodera, te hace fuerte, invita a la acción. Es algo muy nuestro, que parte de nuestra intención. Pone el cerebro en marcha. QUIERO MEDITAR, y ahí empiezas a crear las condiciones para llevarlo a cabo.
Antes de sentarte en serio a meditar, te recomiendo que estes un tiempo diciéndote esta frase, ya verás cómo cambia el cuento. El tiempo lo marcas tú, una mañana, una semana, un mes. No importa, lo que te haga falta hasta que la frase quiero meditar sea impulsora para ti.
Busca el beneficio final. Encuentra, entre lo que aporta la meditación, aquello que sea más necesario para ti. Puede ser vivir más relajada, bajar el nivel de estrés, aumentar la concentración, potenciar tu sistema inmunológico…. Pueden ser uno o dos, pero intenta concretar lo más posible, porque si no la sensación de beneficio final puede dispersarse. Y cuando lo tengas, inclúyelo en tu nueva frase quiero meditar. Verás como coje más fuerza. Quiero meditar para vivir sin estrés.
Comprométete. Si quieres bajar de peso te pones a régimen. Si quieres estar en forma empiezas a hacer ejercicio. Si quieres tener una profesión, te apuntas a una carrera o algún grado que te proporcione la formación necesaria.
Todo aquello que quieres conseguir, requiere un esfuerzo (grande o pequeño).
Con la meditación pasa lo mismo, entiende que puede suponer un esfuerzo en tu cambio de hábitos. Y eso está bien, estás luchando por lo que quieres.
Elabora un plan y cúmplelo. La idea es que empieces a generar el hábito de meditar de manera que sea fácil y asumible. Por ejemplo, empieza por 5m 3 días por semana. O 1m cada día. Algo con lo que realmente puedas ir cumpliendo, y de ahí puedes ir aumentando.
Háztelo fácil y agradable. Crea un lugar especial para meditar, llénalo de cosas bonitas de manera que te apetezca ir allí.
O prémiate cada vez que medites. Puede ser un simple baño de espuma.
La idea es que asocies el “ponerte a meditar” con algo agradable.
¿Qué me pongo? Esta frase no suena, no? Nos la hacemos a menudo cuando tenemos que ir a una cita, una boda etc.
Buenas noticias, para meditar solo necesitas estar cómoda. Así que busca la ropa con la que estés más a gusto… y asunto arreglado.
¿Cómo me pongo? Para empezar es mejor ponerte en una postura en la que estés cómoda. Si tienes tendencia a dormirte mejor no te tumbes.
Por lo demás puedes ponerte en la postura del loto, sentarte en una silla, tumbarte (si no te duermes) y cualquiera que se te ocurra. Eso sí, con la espalda recta.
Agradécetelo. La gratitud es una de las energías más poderosas. Verás que bien te sienta agradecerte.